La sala de los espejos

Justo antes de meterme en la cama, me vino una frase a la cabeza, una frase corta, poco reflexionada, quizás un poco juiciosa, pero se quedó encerrada y no pudo salir. Algo la detuvo.

Y mientras analizaba qué había pasado, y entraba en sueño profundo, imaginé y/o soñé una escena en la que una frase corta, con forma afilada, intenta salir de una habitación y de repente la puerta se cierra e impide que salga.

Y la frase personificada se comporta como un loco con camisa de fuerza que quiere salir a toda cosa pero no puede porque está encerrada.

Y el loco/la frase choca contra las paredes, forcejea con la puerta y se va rompiendo, se va haciendo menos afilada, más elaborada, se rompe en más palabras, cambiando su significado conforme se choca contra las paredes.

Al final la frase/el loco entiende que no está preparada para salir y que tiene que seguir puliéndose en esa habitación hasta convertirse en un párrafo con un significado mucho más redondo, profundo, construido. Un párrafo que se convierte en una herramienta una vez fuera de la habitación.

La belleza de esas palabras ordenadas que, finalmente, salen de la habitación sólo son reflejo de la persona que espera fuera de ella a recibirlas. La habitación es una caja de resonancia de la energía que se transmite entre emisor y receptor.


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